Leo hoy en una de las revistas de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) un caso curioso de uno de sus socios. Según cuentan en sus páginas, este socio compró una cámara digital de HP allá por el año 2005, pero la mala suerte hizo que, ya agotada la garantía, se les rompiera la pantalla.

En principio eso no debería ser ningún problema pues los fabricantes están obligados a proporcionar un adecuado servicio técnico y recambios para sus productos durante varios años. Sin embargo en HP optan por otra política. Carecen ce servicio técnico y la única opción que ofrecieron (en un teléfono 807) fue hacer un presupuesto de sustitución, puesto que no realizaban reparaciones.

Es habitual que en equipos de tecnología, teniendo en cuenta la rápida depreciación y el coste de la mano de obra, cualquier reparación acabe costando más que la compra de un producto de características similares, pero eso es algo que debe quedar a criterio del cliente y el fabricante dar la opción a hacer la reparación cobrando la tarifa que corresponda.

Finalmente y gracias a la mediación de la OCU, consiguieron que, de forma excepcional, HP sustituyera la cámara por otra igual y sin ningún coste.

HP ya hace algún tiempo que no fabrica cámaras, pero sospecho que esta política de “no reparación” no difiere mucho en otros equipos. Hace años en mi trabajo se estropeó el cajón adicional de una impresora láser de este fabricante. Un muelle sin tensión hacia que el papel no se cargara bien. Al pedir presupuesto de reparación nos indicaron exactamente la misma cifra que costaba el cajón nuevo. Obviamente compramos un cajón y evitamos tener que mandar la impresora al SAT durante varios días.

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