TormentaAyer pude llevar a cabo uno de los retos fotográficos que tenía pendientes: fotografiar una tormenta. Las tormentas, pueden resultar muy atractivas para la cámara, pero reúnen las dificultades de varios tipos diferentes de fotografía, además de añadir las suyas propias.

Lo más obvio es el tiempo desapacible, si llueve, hace frío, y aire, no quedan muchas ganas de salir con la cámara a ninguna parte. Sin embargo pocas veces tendremos desde la ventana unas vistas lo suficientemente interesantes como para justificar la foto, pues la tormenta en si misma, carece de atractivo, si no se la acompaña de un paisaje, ya sea natural o urbano. Eso nos exigirá un desplazamiento y la búsqueda de una escena que complete en el suelo, el espectáculo del cielo.

Si pretendemos fotografiar los rayos lo haremos mucho mejor de noche que de día, pero como en toda foto nocturna, el resultado es más interesante en la hora azul, que cuando es noche cerrada.

Así pues necesitaremos hacer una foto de paisaje, y una foto nocturna, mientras la tormenta nos intenta mandar a casa con su aire y lluvia. Además, deberemos tener mucho cuidado de mantenernos lo suficientemente alejados de la tormenta. Un trípode metálico extendido no es lo más aconsejable para tener al lado mientras caen rayos…

Como decía al principio, ayer pude reunir todas las condiciones necesarias y hacer mis primeras fotos de rayos. A eso de las seis de la tarde, viendo las nubes que se estaban formando sobre mi casa, decidí que era el momento perfecto para hacer algunas fotos para mi proyecto de los Castillos de España, de modo que cogí todo el equipo y me fui a por los dos que hay en Chinchón: el Castillo de los Condes y el Castillo de Casasola. Primero me dirigí al de los Condes, que ya lo conocía y tenía en mente algunas composiciones que quería hacer. Al llegar hacia muchísimo aire y se veía claramente como llovía algunos kilómetros más lejos. Tras hacer unas cuantas fotos me encontré en una curiosa situación: donde yo estaba el aire cada vez era más fuerte, pero no llovía, en cambio mirase a donde mirase, se veía que la tormenta estaba azotando con fuerza las localidades cercanas, mostrando un panorama espectacular con cortinas de agua desplomándose y los rayos del sol tratando de atravesarlas.

Tormenta

El castillo pasó a un segundo plano y empecé a centrarme en fotografiar la tormenta, siempre con un ojo en la cámara y otro vigilando su evolución. El círculo se iba estrechando, los truenos se acercaban y cada vez hacía más aire, de modo que había llegado el momento de recoger los trastos antes de empezar a mojarme. Justo a tiempo, según me metí en el coche empezó a caer la tromba de agua.

El siguiente objetivo era el Castillo de Casasola, en una finca cercana. Me dirigí a el con la esperanza de dejar atrás la tormenta, y tuve la suerte de que así fuera. Sin embargo, al tratarse de una finca privada no llegué a acercarme hasta el, y como ya apenas quedaba luz tampoco pude buscar otros sitios desde donde se divisara. En cambio tenía ante mi un paisaje bastante aceptable, con la tormenta al oeste y el sol poniéndose tras ella. Parece que era mi día de suerte, de modo que volví a centrarme en las nubes, el atardecer, y la tromba de agua que se veía caer a lo lejos.

Tenía la hora y el paisaje, y los rayos no tardaron en hacer acto de presencia, de modo que el siguiente objetivo era conseguir fotografiar un rayo. Pese a la poca luz que había coloqué el filtro polarizador para ganar saturación en los colores del atardecer, y también para alargar los tiempos de exposición. Mi intención era hacer exposiciones de más de medio minuto para tratar de capturar varios rayos en cada una.

Pero pronto descubrí que no era una buena técnica. Los tiempos de exposición rondaban el minuto, pero un rayo dura menos de un segundo, de modo que al seguir exponiendo la imagen 59 segundos más, el rayo se suaviza hasta casi desaparecer. Además la tormenta no era tan fuerte, y sólo conseguía capturar un tenue rayo cada cuatro o cinco tomas (solían caer cuando estaba viendo la foto anterior o cambiando el encuadre…).

Así pues, decidí cambiar de estrategia y tratar de hacer más fotos de menos tiempo. Lo primero fue quitar el polarizador y bajar el tiempo de exposición a 30 segundos. Listo para hacer la primera prueba, abro el obturador y, justo en ese momento, llegó lo que estaba esperando: un enorme rayo cayó justo frente al objetivo. Sabía que tenia la foto, pero tenia que esperar a que terminara la exposición o el resto del paisaje saldría negro.

Tormenta

Entonces el aire volvió a empezar a apretar y empezó a llover ligeramente, de modo que no me dí una segunda oportunidad. Recogí todo y me fui. Cuando estaba llegando al asfalto la anterior tromba de agua me empezó a parecer chirimiri. Los desniveles de la carretera se inundaron rápidamente y el limpiaparabrisas no daba a basto.

Al final, un poco de preparación, otro poco de suerte y mucha prudencia para retirarme a tiempo, dieron como resultado mi primera aproximación a una tormenta. Para la próxima me evitaré algunos de los errores ya cometidos y trataré de mejorar el resultado.


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